Desde la islamización o arabización de la península, los reinos de norte siempre intentaron de ocupar más terreno, lo que llamaron reconquista. Por se justificaron como sucesores y herederos legítimos del reino visigodo. “sennor te dexo de toda la tierra de la mar acá que los moros del rey Rodrigo de España ganado ovieron et en tu sennorío finca toda, la una conquerida, la otra tributada.” Fernando III a su hijo Alfonso X[1].

El reparto de la peninsula
El reparto de la peninsula

Avanzando la conquista del territorio árabe, los reinos cristianos fijaron sus aéreas de operaciones en varios tratados como los de Tudilén (1151), Sahagún (1158) y Cazola (1179). Esto significaba que (Aragón, Castilla, Castilla y Portugal querrían avanzar más o menos en paralelo hacia el Sur. Sobre todo para la comarca de la Sierra el tratado de Sahagún entre Fernando II de León y  Sancho III de Castilla reviste mayor importancia, ya que en él se asigna a León todo el Territorio que va de Niebla hasta el mar, es decir todo el Algarve, por lo cual por lo menos una parte de la Sierra será leonesa(1). Este tratado obviamente nunca fue aceptado por Portugal que intensificó su avance hacia el Sur conquistando el Alentejo y el Algarve.  En el año 1230 el rey de Castilla Fernando III “El Santo” se convierte también en rey de León uniendo ambos reinos. Para él la toma de Sevilla es el objetivo principal. Por esta razón frena el frente leonés y dedica todas sus fuerzas al avance por el valle del Guadalquivir. Testimonio de esta decisión son los pueblos al norte de la Sierra que terminan en “de León”.  Aprovechando estas circunstancias y asimismo coqueteando con la toma de Sevilla el reino de Portugal mediante la orden militar de los Hospitalarios empieza con ocupación del espacio entre los leoneses y la kora de Niebla. Conquistan en 1232 Moura y Serpa, en 1238 Mértola y en 1245 Aroche. Aracena cae en el 1250, pero ya es tarde, Fernando III consiguió Sevilla en el 1248. En el tratado de Badajoz de 1252 fija al menos formalmente la línea del Guadiana como frontera entre Castilla – León y Portugal, lo que se confirmó con el tratado de Badajoz de 1267:

Yo don Alfonso, por la gracia de Dios rey de Portugal, quítome a vos don Alfonso, por esa misma gracia rey de Castiella e de León, de quanto he entre Guadiana e Guadalquivir, e entrego vos Aroche e Aracena e todos los otros logares de entre Guadiana e Guadalquivir ... E nos reys sobredichos partimos los regnos de Portugal e de León assí como entra Caya en Guadiana, e Guadiana como va por la vena al mar.[2]

Se cambia el terreno conquistado por la Orden Hospitalaria por otro en León y se incorpora al reino de Sevilla por el alfoz del 6 de diciembre de 1253:

La crónica de Alfonso X
La tierra de Sevilla

«Dóles e otórgoles por términos de Seuilla Alaria, cuerno corre el agua e entra en Bu-dión, e Budión entra en Ardiella; e cuermo cahe en Ardiella la foz de Bobaraes, e cuemo sale por los cuellos de los Villanos; e cuemo recude de los cuellos de los Villanos, cerro a cerro, e fiere en la sierra de Casament, e fíere en derecho de Mont Polín en el agua de Guadalcarran-que; e cuemo corre Guadalcarranque; e cuemo lexa el agua de Guadalcarranque e entra en Fraga Munnoz; e cuemo corre Fraga Munnoz e entra en Guadiana, Cuencoz, Xerez, Badaioz, Monesterio de So Oliua, Nodar, Torres, Castillo de Valera, Segonça, Cuerua, Montemolín, Sufre, Aracena, Alfayar de Lapa, Almonaster(2), Cortegana, Aroche, Mora, Serpa, Aymont, Alfayar de la Penna, Andéualo, Castil Ruuio, Azoaga, Sotiel, Cibdadeia, Castriel, Montogín, Constancina, Teiada, Solúcar, Heznalcáçar, Guadayra <e Alaquás> ». 1253, diciembre 6. Sevilla.[3]

Si existen pocos datos y documentos relativos a la conquista del territorio, menos aún tenemos en lo referente a los habitantes de la zona. La Sierra estaría con toda seguridad bastante despoblada. Sabemos que estaban poblados Aroche, Almonaster, Cortegana y Aracena. ¿Pero qué pasó con el resto? Hay un poema que describe el tipo de serrano que moraba en los bosques:

Inter hos acerrimi veniunt serrani,
leones in animo, in verbis montani,
fortes in certamine velut castelani;
serre nomine indicat quod sunt inhumani.[4]

Debe tratarse de los primeros pobladores, probablemente del tipo de colonizador que conocemos del oeste salvaje de los Estados Unidos. Al principio no hubo una planificación de construir aldeas o poblados, más bien se trataría de asentamientos temporales de colmeneros, leñeros y pastores. No disponemos de censos ni de catastro, pero algunos documentos o edictos nos dan una pista. El primero es un bando de Alfonso X de 1254:

Si fulguines anduvieren por la sierra o otros omes a daño de los colmeneros, y por las jaras, y los Alcaldes y los cinco omes bonos quisieren ir en pos dellos por prendellos y castigallos, que todos los colmeneros que les fagan la costa que fizieren fasta ocho días, si no ovieren del común qué tomar.[5]

El problema de los “fulguines”, llamados más comúnmente “golfines”, venía de muy atrás. Su principal manifestación era el bandolerismo tradicional, incrementado tras el final de las campañas militares de Fernando III. Los golfines se concentraban en el espacio semidespoblado comprendido entre los Montes de Toledo y Sierra Morena, llegando a dificultar los caminos de acceso a Andalucía, añadiendo así un elemento más de inseguridad para la repoblación de los amplios espacios serranos. Para Bernat Desclt, cronista de Pedro IIIel Grande los golfines eran:

castellans e gallegos e gents de la profonda Espanya e són la mayor part de paratge; e per ço como no han rendes de què vivan, o car han desgastat o jugat ço que han, o por alcuna mala feta, han a fugir de llur terra; e ab llurs armes, així como hòmens qui altre no poden ne saben fer, van-se’n en la frontera dels ports de Muradal, qui són grans muntanyes e forts, e grans boscatges, e marquen ab la terra de sarraïns e dels cristians, e aquèn passa lo cami qui va de Castella a Sibília e a Córdova, e així aquelles gents roben e prenen des crestians e de sarraïns estan en aquelle boscs e aquí viuen; e son molt grans gents e bons hòmens d’armes, que el rei de Castella no en pot venir a fi.[6]

Muchos de estos maleantes eran antiguos soldados o mercenarios como lo confirma la Cronica de Alfonso X:

E después que se vieron fuera, demandavan al rey muchas cosas porque los toviese. E porque gelo non dava, andavan amenazando que se irían por las montañas et que farían quanto mal pudiesen en la tierra. Et el rey, quando esto sopo, mandólos prender e matar a todos.[7]

Parece que incluso los habitantes de los pocos pueblos que hubo se dedicaban a la agricultura como se deduce de un documento de 1267 que exime a los hombres buenos que moraban en Almonaster de los impuestos de montazgo, colmenas y caza, por lo cual se deduce que actividad de ellos era sobre todo pastoril, cinegético y de apicultura. Asimismo se involucran los pueblos en la lucha contra los bandoleros lo que confirma el 1273 Privilegio dado a Real de la Jara, Relajo entonces, confirmado 1281 por Alfonso X:

E esta franqueza vos damoss nos porque sodes omes que poblaredes e que poblastes en aquel lugad de los Almadenes ó estades, que es lugar en que era xara e mal lugar en se [a]cogían omes malos, en manera que fazían muchos daños e muchos males a todos aquellos que por el camino pasavan, así a los que ivan como a los que venían. E porque nos sabemos en verdad que a todos aquellos que ý pasan que demandavan vuestra ayuda o que la an menester, que sodes tenudos a tan bien a los mayores como a los menores de ir con ellos fasta que los ponedes en salvo, e que lo faredes de aquí adelante, e porque corredes con los omes malos cada vez que sabedes que en la tierra son.

En 1297 se firma el  tratado Alcañices entre Castilla y Portugal por lo cual la frontera se fija y el territorio de la Sierra de Aroche se queda definido dentro del reino de Sevilla.

Sepan quantos esta carta viren y leer oyren que como fuesse contienda sobre villas y castiellos y terminos y partimentos y posturas y pleitos entre nos don Fernando por la gracia de Dios rey de Castiella, de Leon (…) de la una parte et don Denys por la gracia de Dios rey de Portogal y del Algarbe de la otra et por razón destas contiendas de susodichas naciesen entre nos muchas guerras y omezillos y enxecos en tal manera que de las nuestras tierras de anbos fueron muchas robadas y quemadas y estragadas (…) yo rey don Fernando (…) et yo rey don Denys (…) oviemos acuerdo de nos avenyrmos y fazemos avenencia entre nos (…) Nos hemos puesto de acuerdo en avenirnos y determinar lo siguiente: Hago saber que yo, el sobredicho rey Don Fernando, extendiendo y reconociendo que los castillos y las villas de Aroche y Aracena, con todos sus términos, derechos y pertenencias fueron de derecho del reino de Portugal y de su Señorío y que las obtuvo el rey Don Alfonso, mi abuelo, del rey Don Alfonso, vuestro padre, contra su voluntad, siendo estos lugares por derecho del rey Don Alfonso, vuestro padre, y que también las retuvo el rey Don Sancho, mi padre y que actualmente poseo yo. Por todos estos considerandos acordé con vos, en Ciudad Rodrigo, que os las devolvería para que se integraran en vuestros reinos, o bien os las cambiaría por otras de igual valor a otros de vuestro reino. Para realizar este cambio señalé un plazo de seis meses a partir del día de San Miguel, del ya pasado año de 1334 (el 1296 del cómputo actual). Y yo como esto no lo cumplí, por esas villas y castillos (Aroche y Aracena) con sus términos y frutos de los cuales disfrutamos tanto mi abuelo, el rey Don Alfonso, como mi padre, el rey Don Sancho y yo, hasta el día de hoy, os doy a saber: Olivenza y Campo Mayor, que pertenecen a Badajoz y San Feliz de los Gallegos, con todos sus términos y derechos y pertenencias y con todo el señorío y jurisdicción real, para que las tengáis vos y vuestros sucesores por heredad para siempre, tanto en posesión como en propiedad y las desprendo de mí y del señorío que sobre ellas ejercen los reinos de Castilla y León, así como todos los derechos que tengo y debería tener sobre dichos lugares. Y os los doy y los deposito en vos, en vuestros sucesores y en el señorío del reino de Portugal, para siempre.(..)[8]

Así que a finales del siglo XIII en nuestra región existían unas plazas fortificadas como Aracena, Cortegana, Torres, Aroche, Almonaster cuyas habitantes disfrutaban de los mismos privilegios “assí cuemo nunqua meiores las oieron en tiempo de moros”[9]. En la zona norte que limita con Extremadura existían asentamientos no fortificados de pobladores como demuestra la toponimia (Cumbres, Jara, Hinojales ….). Más al sur, bordeando la cadena montañosa se encuentran los castillos y las plazas fortificadas. Sin embargo del interior de la sierra de los castaños carecemos de noticias y datos, incluyendo topónimos. Solamente a parte de finales del siglo XIV e inicio del XV empiezan a aparecer múltiples aldeas y poblados en este terreno.

Crónica de Alfonso X
Crónica de Alfonso X

 

Notas

  1. Alfonso VIII dividió el reino entre sus dos hijos Sancho y Femando; a Sancho, el primogénito, le entregó Castilla hasta Sahagún, y Moral de la Reina, Tordehumos, Urueña, Cubillas, Medina, y toda la parte de Avila, y desde allí los límites quedaron en la calzada que se llama de Guinea y en la orilla del Deva por la parte de Asturias. El resto hasta el mar (residuume versus mare et Portugaliam), incluida Portugal, lo dio a Fernando, que era el menor (HISTORIA DE LOS HECHOS DE ESPAÑA O HISTORIA GÓTICA, Libro septimo. CAP.VII lineas 23-29, Introducción, traducción, nota e índices: Juan Fernández Valverde, Alianza Editorial, S. A», Madrid, 1989)
  2. El dla 16 de Diciembre de 1.279, Almonaster junto con Zalamea la Real y a cambio de Puebla de Cazalla, pasa a poder del Cabildo de la Catedral de Sevilla. El mismo Rey confirnó tal decisión el 2 de Eneru de 1.280.

Referencias

  1. Primera Crónica General, 1132, pp. 772-773
  2. https://www.unex.es/estudiar-en-la-uex/otras-propuestas-formativas/mayores/archivos/ficheros/MA_Textos_12671864_UMEX_Post_171116.pdf
  3. González Jiménez, Diplomatario andaluz de Alfonso x, Fundación El Monte 1991doc. n° 80.
  4. "Rithmi de Julia Romula seu hispalensi urbi”, estrofa 78 (Edición de Rocío Carande Herrero en Un poema a Sevilla en 1250, Ayuntamiento de Sevilla, 1992
  5. Ordenanzas de Sevilla 1632, f. 125v.
  6. B. DESCLOT, Llibre del rei En Pere, ed. de F. Soldevila, Les quatre grans cròniques, Barcelona, 1983, pp. 467b-468a
  7. Cap. 55, p. 215 en la edición de M. González Jiménez, Murcia, 1999
  8. https://www.unex.es/estudiar-en-la-uex/otras-propuestas-formativas/mayores/archivos/ficheros/MA_Textos_12671864_UMEX_Post_171116.pdf)
  9. Archivo Municipal de Sevilla, sec1, carp.1 n.5

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