Tenemos apenas datos sobre la mal llamada repoblación de la Sierra. Mal llamada porque solamente se puede repoblar algo que ya antes haya sido poblado, vésase la expresión reforestar. Desconocemos la cantidad de de gente que vivía en esta región antes de la conquista cristiana. Tenemos solamente constancia de Aroche, Almonaster, Aracena, Zufre, Cortegana y Santa Olalla, pero sin datos de la población. Dado el avance de la conquista cristiana, es muy probable que muchas personas huyesen a la Cora de Niebla primero y luego al Reino Nazarí, sobre todo después de la fallida revuelta de los mozárabes del 1264. Otro factor que tener en cuenta es que la gente prefiere asentarse en tierras fértiles y bien comunicadas, si es posible cerca de una población importante. Tampoco era esto el paraíso terrenal. Muchos repobladores prefirieron volver a su tierra por la agreste del terreno. Muchos se querrían aprovechar de la situación como nos dan cuenta dos disposiciones de Alfonso X:

que todas las casas y heredamientos que dexan aquellos que se van de Sevilla, que los recabdades e los dedes a buenos pobladores así como fuesen viniendo[1]

porque fallamos que la noble ciudad de Sevilla se despoblaua e derribaua e se destruyen muchas casas por culpa de aquéllos a que fueron dadas o por sus omnes que las tenían yermas e malparadas, mandamos a omnes buenos de las collaciones que supiesen en verdat quáles casas estaban pobladas e quáles yermas e malparadas, e ellos andudieron por todas las casas de la villa e diéronnos escrito de quántas fueron pobladas e quántas fueron vendidas contra nuestro defendimiento en tal manera que las non pueda cambiar ni pueda vender ni dar ni enajenar en ninguna manera a Iglesia ni a Orden alguna ni a hombre de religión sin nuestro mandato[2].

La banda Gallega

Otro factor de tener en cuenta es que en el norte de Castilla ya estaba vigente el feudalismo y por lo tanto los señores no querían desprenderse de sus vasallos. Los nuevos pobladores eran hombres libres de derecho. Se instalaron sin que hubiera un planteamiento por parte del concejo sevillano. Seguramente se trataba de colmeneros, cocheros, leñadores y pastores. Su modo de vida sería en asentamientos dispersos, quizás solamente de ocupación temporal. La Sierra estaba como un corredor libre que conducía a Sevilla. Al sur se encontraba el señorío del arzobispado de Sevilla, en el norte tenía el Orden de Santiago su tierras y en oeste amenazaba el Reino de Portugal. Por estas razones Sancho IV decidió reforzar las fronteras interiores y exteriores mediante la construcción y puesta al día de la llamada “Banda Gallega”.

… fazer castiellos e fortalezas, uno en Las Cumbres e otro en Santolalla, porque eran mucho a servicio de Dios e nuestro e a grand pro e guarda de toda esa tierra, porque con los otros castiellos e las fortalezas que son en esa Sierra podría ser guardada toda esa tierra muy bien.[3]

Al final existían tres líneas defensivas contra Portugal:
-> Aroche- Encinasola – Fregenal
-> Cortegana – Torres – Cumbres
-> Aracena – Cala – Santa Olalla

Pero los mismo castillos servían para proteger los pasos:
-> Encinasola – Cumbres de San Bartolomé – Cala
-> Aroche – Cortegana – Aracena – Castillo de las Guardas.
El acceso a Sevilla por la vía de la plata controlaban las fortalezas de Santa Olalla, Real de la Jara y Almadén.

El nombre “Banda Gallega” se refiere primeramente a una frontera como la “Banda Morisca” de l la guerra contra los Nazaríes. El adjetivo “Gallega” tiene su origen en el hecho que en el Sur a los Leones se llamaba “Gallegos”. Según el tratado de Sahagún este territorio pertenecía al Reino de León. Además la “Vía de la Plata” constituye el nexo más directo entre Sevilla y León. Esto explica también que los primeros pobladores cristianos probablemente fuesen de este Reino.

El castillo de Aroche con la albacara
El castillo de Aroche con la albacara

La función principal de estos castillos era la proteger el territorio y la población. Por esta razón disponen de amplias albacaras que permiten a los habitantes de la zona refugiarse en caso de ataques “[…] nos vienen a correr fasta las puertas[4]. Sin esta protección una repoblación hubiera sido imposible “Conosçido es que las fortalezas que antiguamente fueron ordenadas para el reparo e defensión de los pueblos” (AMS, sec. 10, 1453, marzo, f.2). Este proceso se conoce como el encastillamiento, es decir una concentración de la población alrededor de los castillos. Al mismo tiempo los castillos representaban emblemas del cambio de la jurisdicción y del nuevo poder político que ahora regentaba la “Tierra de Sevilla”.

Naturalmente surge el problema de la propiedad: ¿A quién pertenecen los castillos y de quién es la tierra? En un principio toda la Sierra es territorio realengo con excepción de Almonaster que fue cedida en 1280 al cabildo de la catedral de Sevilla por el cambio de Puebla de Cazalla. El rey daba esta tierra y sus fortalezas en cesión a Sevilla conservando así la condición de realengo como se pone claramente “pertenescen al Rey de derecho […] las villas, los castiellos, e las otras fortalezas de su tierra[5](1) .

Al frente de un castillo estaba el alcaide que “[…] debe ser de buen linaje, de padre e de madre. Ca si lo fuere, siempre aurá verguença de fazer del castillo cosa que le ste mal, ni porque él sea denostado, ni los que del descienden. E non deue ser muy pobre, porque non aya cosiçia de querer enriquerscer de aqullo que le dieren para la tenencia del castillo[6]. Además Alfonso X fijó que las alcaidías se daban “caballeros fijosdalgo, vecinos de Sevilla[7]. Sin embargo en 1344 Alfonso XI cambió esta regla disponiendo que las alcaidías detendrán vecinos del los pueblos donde hubiere castillo. El alcaide era entonces el jefe de la guarnición del castillo y de la villa que estaba a su cargo. Como en la Edad Media no hubo ejército profesional eran los propios vecinos a los que correspondía la defensa: “que para la guarda e defensa de la dicha fortaleza, por cabsa de los movimientos e guerra que avía la dicha cibdad, él (alcaide) tomasa la gente que entendiese que fuese menester de los vecinos desa dicha villa e le diesen todo el favor e ayuda, e fiesieren los dochos vecinos todas las cosas quél mandase tocantes a al dicha guarda de la dicha fortaleza[8]. Prestaban su servicio según la necesidad y su rango social. Estaban divididos en caballeros, ballesteros y lanceros. El alcaide también tenía que vigilar que la fortaleza esté preparada para cualquier emergencia: “en todo tiempo tenga el castillo bastecido de de viendas, e mayormente de agua, que es cosa que pueden menos escusar que las otras. Otrosí se deben bastecer de pan, de aquleeo que entendieren que más se puede tener segund el ayre de la tierra. E esso mismo deven fazer de carnes, e de pescados e non deven olvidar la sal, ni el olio, ni las legumbres […], e aver molinos, o muelas de mano, e carbón, e leña […] e el vestir e el calçar.[9]

De esta última cita ya se puede desprender alguna información sobre las necesidades de la gente que vivía alrededor de las fortalezas de la Banda Gallega.

Las Partidas de Alfonso X
Las Partidas de Alfonso X

Notas

  1. Las siete partidas de Alfonso X están disponible digitalizadas por la Universidad de Sevilla de una edición de 1843 en http://fama2.us.es/fde/ocr/2006/sietePartidasP1.pdf.

Referencias

  1. M. GONZÁLEZ JIMÉNEZ. Diplomatario andaluz de Alfono X, Sevilla 1991, doc. 155 de 17 de junio de 1255, pp. 168-69.
  2. Diplomatario, doc. 270 de 13 de julio de 1263, pp. 298-99.
  3. Archivo Municipal de Sevilla sec.1, carp. 4, doc. 30. Citado de Casquete de Prado Sagrera,Nuria Los castillos de la sierra norte de Sevilla en la baja edad media , p 131, Diputación de Sevilla 1993
  4. AMS (Archivo Municipal de Sevilla). Act. Capt.. fols. 44 v, 45 r y 57 r (7-XII-1478, y s.d.-XII-1478
  5. partida II tit. XVIII, ley 1
  6. partida II, tit. XVIII, ley VI
  7. AMS, sec. 1 carp. 4, f. 6v. 1253, diciembre, 6
  8. AMS, sec. 15. Pap. May., carp. 58, 1474, junio, 7
  9. Partida II, tit. XVIII, ley X.

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